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Feb 01

Atisbos de detención y justicia en la Base de Guantánamo

Hoy en la Historia

Tomado de Ecured

Guantánamo:

  • En 1912 surgió el Club “Colombia” de béisbol integrado por soldado de la Cuarta Compañía del Regimiento #2 del Ejército. Este equipo fue el mejor de la localidad durante la permanencia en la misma.

Colaboración de Enmanuel Adrian

Hola:-)

El 13 de diciembre tuve la oportunidad de ser invitado a la Casa de la Historia para presenciar la intervención del profesor norteamericano Don E. Walicek, quien visitó el verano pasado la doblemente ilegal cárcel en la base naval en Guantánamo. Atentamente Walicek nos envió este trabajo publicado en Claridad, el periódico de la nación puertoriqueña. Mucho agradezco en nombre de mis compatriotas; puesto que podremos saber de primera mano, lo que ocurre, “allá dentro”.

Otros textos relacionados con el tema están pendientes de publicación.

Saludos;-)

Atisbos de detención y justicia en la Base de Guantánamo
Por Don E. Walicek / Traducción de Eric Vázquez/ 09-08-16


Don E. Walicek, profesor de la Universidad de Puerto Rico.

Don E. Walicek. Universidad de Puerto Rico.

En julio de 2016 pude observar a varios detenidos a través de un espejo unidireccional como parte de una visita mediática al centro de detención de Guantánamo. Estos alegados “combatientes enemigos” parecían recibir un trato decente por parte del personal militar con el que tienen contacto directo. Las recientes mejoras en las condiciones de encarcelamiento en la base militar de Guantánamo, la más antigua de las bases estadounidenses en el extranjero, aunque significativas, no han resuelto las tensiones entre la ley y la justicia que amenazan la estabilidad de las sociedades y gobiernos en varias partes del mundo.

[Walicek] comentó además de los cambios en infraestructura a que son sometidas esas instalaciones en la Bahía de Guantánamo, y de las millonarias nuevas inversiones allí, incluido el montaje de un segundo cable de fibra óptica que conecta a la Base con la isla de Puerto Rico.

“Estas reformas sugieren que el gobierno de los EEUU no tiene ninguna intención de devolver a Cuba el territorio ocupado.

Tomado de Venceremos

En su segundo día en la Casa Blanca en enero de 2009, el presidente Barack Obama prometió que cerraría la base de Guantánamo. Sin embargo, al momento de redacción de este artículo quedan 76 detenidos en la base, algunos de los cuales han sido detenidos sin cargos por 15 años. Treinta de ellos han sido declarados aptos para ser liberados, aunque su liberación es causa de controversia y por lo general pueda tomar algunos años. 

Las instalaciones por las que caminé, los campos de detención 5 y 6, cuya construcción y mantenimiento comprende una inversión multimillonaria, albergan a los detenidos catalogados como “obedientes” y “muy obedientes” y fueron diseñadas según las prisiones federales de máxima seguridad de EEUU. Los detenidos están rodeados de cerraduras, cámaras de seguridad, guardias armados, portones eléctricos y altas rejas con alambres de púas y concertinas barbadas. 

Aquellos detenidos en ambos campos tienen un acceso continuo a amenidades y servicios que se les niega a prisioneros en Puerto Rico y EEUU, por ejemplo, aire acondicionado, cuidado médico, áreas recreativas, la opción de vivir en comunidad y acceso a una biblioteca con más de 3,000 artículos donados. Además, deciden el horario de su aseo personal y ejercicios, aunque son encerrados en sus celdas por dos horas cada tarde.

La primera parada de nuestro recorrido fue la biblioteca, localizada fuera de los campos. La colección incluye publicaciones en 15 idiomas y periódicos en árabe del Oriente Medio. Las directrices establecen que se añade a la colección solo aquellos libros, revistas, discos y videojuegos que “promuevan buenas costumbres y valores” y que se rechaza todo aquello que presente operaciones militares, temas sexualmente explícitos y violencia gráfica extrema.

El bibliotecario utiliza un carrito para entregar las publicaciones solicitadas por los detenidos. Él nos informó que las publicaciones sobre el islam son las más populares. También hay gran demanda por los libros de la serie Harry Potter, revistas como Men’s Health y National Geographic y el videojuego FIFA Soccer para las consolas PlayStation 2. 

Contratistas civiles ofrecen clases de “destrezas de vida” en árabe, así como Inglés, Español, Matemáticas, fundamentos básicos de computadoras y arte. Estas clases han hecho posible que algunos detenidos aprendan a leer y escribir.

Recordando la ocasión en la que oficiales militares condenaron la divulgación de poemas escritos por los detenidos, en un volumen editado y publicado por la Universidad de Iowa, pregunté si los maestros ahora fomentaban que los detenidos escribieran sobre sus vidas o lecturas recientes. Un soldado que estaba familiarizado con el programa de enseñanza explicó que ese no era el foco del currículo actual. Pero indicó que mantener un diario “generalmente lo vemos como una actividad positiva que mantiene a los detenidos ocupados y contribuye a la seguridad de los guardias y los detenidos”. 

Mohamedou Ould Slahi.

Mohamedou Ould Slahi.

El éxito en ventas Diario de Guantánamo (2016) del detenido mauritano Mohamedou Ould Slahi, comenzó como un diario manuscrito. Slahi describe palizas, abusos sexuales, islamofobia y torturas durante la etapa inicial de su detención, aunque también aprovecha para revelar que ciertas condiciones han mejorado en los últimos años e incluso empatiza con sus captores y guardias. A los cuatro militares a los que les mencioné el libro admitieron que habían escuchado del libro, pero ninguno lo había leído.

Durante nuestra visita a un hospital de detenidos y en sesiones de preguntas y respuestas con los comandantes se enfatizaba la noción de que “ahora todo está bien”. El enfoque en el presente junto al compromiso por la transparencia fue uno de los aspectos más preocupantes de este asunto. Aparentaban sugerir que los problemas del campo de detención se limitaron a aquel período difícil de aproximadamente tres meses en 2002 cuando se obligó a cientos de detenidos a vivir afuera en jaulas de perros. Cuando le pedí al almirante Peter J. Clarke ejemplos de mejoras en la política de detención, respondió que los cambios a los procedimientos operativos estandarizados era información clasificada.

Un momento particularmente memorable del recorrido fue la visita a un pequeño salón audiovisual en el Campo 5 con acceso a cientos de canales de televisión por satélite. Los detenidos ven la televisión a solas, con los tobillos encadenados al piso de cemento y sentados en sillones reclinables tipo La-Z-Boy que parecían sacados de la sala de mis padres. Las cadenas ilustran cómo las prácticas actuales de detención se nutren de las tecnologías esclavistas del pasado caribeño. 

En el salón audiovisual los detenidos “obedientes” pueden escoger el programa que quieran ver, lo que les permite aprender sobre temas que los guardias no pueden discutir con ellos o temas prohibidos en la biblioteca. Podrían, por ejemplo, sintonizar alguna cobertura de su detención o de cómo la Casa Blanca maneja la desocupación de las instalaciones en las que viven.

Otro contacto con el mundo exterior ocurre una vez al mes mediante llamadas monitoreadas de Skype que les permiten a los que pronto serán liberados contactar a sus familiares antes de su llegada. Un especialista de relaciones culturales de Irak que utiliza el seudónimo “Zac” señaló que no todos los que cumplen con los requisitos optan por participar. Para unos las llamadas pueden ser desconcertantes mientras que “algunos intransigentes piensan que sus familiares los presionarían para que atemperen sus convicciones políticas”. 

No todos los detenidos son clasificados “obedientes” o “muy obedientes”. Aquellos que en la población general violen las normas se clasifican como “reprendidos”. Dicha clasificación les reduce su acceso a ciertos privilegios y artículos de comodidad personal. Además, tienen que usar el uniforme naranja que hoy es símbolo internacional de injusticia, terrorismo y tortura.

Pero durante el ramadán, un período de tranquilidad en el que los detenidos ayunan, todos en la población general son reclasificados como “obedientes” y se les provee túnicas y pantalones color crema o marrón. La festividad les da la oportunidad de comenzar como tabula rasa, ya que los privilegios e incentivos continúan hasta que se violen las normas. 

Nos ofrecieron muy poca información precisa acerca de casos recientes de desobediencia o resistencia, pero en una sala de reuniones pude ver artículos confiscados durante un registro de celdas de hace unos años atrás, tales como armas improvisadas, un teléfono celular, medicamentos acumulados y equipo electrónico no autorizado. 

En conversaciones informales con guardias uniformados supe que algunos detenidos han sido castigados por cubrir las ventanas de sus celdas o destruir propiedad del gobierno. En entornos más formales, los oficiales de asuntos públicos aludían a actos de agresión contra los guardias como mordidas, rasguños, escupidas, insultos y “salpicaduras”, la práctica de arrojarle orín y otros fluidos corporales al personal del centro. 

El primer detenido que vi en el Campo 6 fue un hombre grande con barba que pasaba un mapo en un silencioso centro comunal de dos niveles. Con vestimenta holgada y guantes azules de plástico, el detenido se movía intensa y robóticamente. Su exceso de energía hizo preguntarme si padecía de alguna condición mental o si quizás había sido entrenado para hacer esto frente a un público.

El espacio que el hombre limpiaba estaba inmerso en sombras y una inquietante luz fluorescente. Se me hizo difícil tomar buenas fotos debido al espejo unidireccional y las rejillas metálicas que nos separaban de los detenidos. Además, me encontraba en un pasillo oscuro, pero no se me permitió utilizar “flash”. Más aún, estaba estrictamente prohibido tomar fotos en las que salieran caras, cerraduras o cámaras de seguridad.

El “flash” de mi cámara se activó en varias ocasiones, una falta por la que una guardia me reprendió amablemente. Luego de ese incidente decidí que sería más fácil documentar ciertos aspectos del centro anotándolos en una libreta según los veía: un reloj, sillas plásticas blancas, un microondas, contenedores desechables de Styrofoam, audífonos, cables para equipo electrónico, un sofá grande… y un paquete enorme de bebidas energéticas en una mesa en el centro.

Mi incursión en este ejercicio etnográfico tomó un giro inesperado cuando un detenido de aspecto joven de pronto se apareció a solo unos pies del espejo y comenzó a hacer gestos como si intentara llamar la atención de alguien a lo lejos. Uno de los cinco o seis soldados que hacía guardia detrás de mí rápidamente se puso un casco protector y entró al espacio cerrado a hablarle. A través de la tela metálica, el guardia le dio permiso para que comenzara el salat o las cinco oraciones diarias del islam. Para ello se le requirió al detenido que girara un pequeño letrero que leía “Prayer Call” [Llamado a la oración]. 

Cinco hombres colocaron alfombras en el suelo y se arrodillaron uno al lado del otro en dirección a la Kaaba en La Meca. El que antes pasaba el mapo ahora estaba calmado, concentrado y confiado. Movía su cuerpo poniéndose de pie, inclinando la cabeza, postrándose y sentándose con la elegancia de un yogui. Sus movimientos sugerían más que un enfoque legalista del ritual, una libertad de conciencia que se extendía mucho más allá de las rejas del campo. 

Mientras oraban, me percaté de que pegados en la pared había dos dibujos de banderas. No pude reconocer una, pero la otra, compuesta de una franja roja, blanca y negra, era la de Yemen.

A más de la mitad de los 40 yemenís aún detenidos en Guantánamo se le ha aprobado su liberación, pero el ejército estadounidense insiste en que no puede repatriarlos hasta que mejore la “situación de seguridad” en su país. EUA ha respondido a la guerra en Yemen con ataques de drones o aviones no tripulados, el entrenamiento de unidades de infantería y 500 millones de dólares en armas y equipo militar perdido que presuntamente está en manos de enemigos.2

El joven fue el último en terminar de orar. Se puso de pie y se movió de buen humor hacia el espejo. Se detuvo a mirar directamente al cristal como si estuviera posando para una cámara y sonrió. Luego supe que se trataba del líder del módulo, quien es la persona escogida por los demás para negociar con aquellos fuera de su campamento.

Durante nuestra visita a una celda vacía de la prisión, el coronel Stephen E. Gabavics explicó que el gobierno estadounidense considera a las instalaciones que visitamos un centro de detención y no una prisión. Tomó la oportunidad para recordarnos que los hombres que se encontraban allí eran considerados detenidos indefinidamente. Es decir, que, a diferencia de prisioneros, no cumplen sentencias. 

Un hecho importante que nunca se mencionó durante el recorrido fue que el significado de la palabra “detención” fue modificado por la Ley sobre el Trato a los Detenidos de 2005. La ley también despojó a los tribunales estadounidenses de su jurisdicción sobre el centro de detención, dictaminando que la base no forma parte de EUA y al mismo tiempo dándole a la rama ejecutiva poder exclusivo sobre los detenidos. El resultado de la ley es uno parecido al enfrentado en los años noventa por miles de haitianos que buscaban asilo y fueron retenidos en la base.

La diferencia entre centro de detención y prisión se complica aún más dada la existencia de la instalación conocida como Campo 7, un centro secreto que no es parte del recorrido organizado por el Pentágono. Estas instalaciones albergan a aproximadamente 14 detenidos de “alto valor”. 

Jalid Shei Mohamed.

Jálid Sheij Mohammed.

El perfil de los detenidos en estas instalaciones es mucho más diverso del que usualmente se piensa. Algunos de los detenidos en el Campo 7 están acusados en procedimientos de pena de muerte, mientras que otros ni siquiera han sido acusados de un delito. Jálid Sheij Mohammed, quien se ha identificado como el autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre y numerosos otros ataques terroristas, junto a otros cuatro supuestos cómplices, están detenidos en este campamento. Majid Shoukat Khan y Ahmed Muhammed Haza al Darbi, dos detenidos que se declararon culpables de los cargos que se les imputaba, se encuentran separados del resto.

Según un informe confidencial de 2007 redactado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC por sus siglas en inglés), las “técnicas de interrogatorio mejoradas” y el trato relacionado que atravesaron estos detenidos —como confinamiento solitario prolongado, detención incomunicada y una protección legal insuficiente en los “agujeros negros” o centros clandestinos de detención de la CIA y en la base— violaban el derecho internacional.3 

El ICRC hace visitas continuas al Campo 7 y el almirante Clarke ha expresado que aspira a implementar las sugerencias de la organización sobre mejoras adicionales al sistema. Por desgracia, ni el presidente Obama ni el ICRC han logrado erradicar la injusticia de la base. Considere, por ejemplo, el hecho de que muchos de los detenidos han sido designados como “prisioneros perpetuos”. En violación directa al derecho internacional, estos detenidos no tienen derecho a juicio y son considerados “demasiado peligrosos para ser liberados”. No obstante, según la ICRC, el Campo 7 actualmente cumple con los estándares internacionales pertinentes.

Considere también a la Junta de Revisión Periódica que opera en la parte conocida como Campo Justicia. La junta determina cuándo un detenido puede ser liberado luego de evaluar si representa una amenaza significativa para la seguridad de EUA y sus aliados. Sin embargo, no evalúan la legalidad de su captura o detención. Más aún, los que llegaron presuntamente inocentes, pero que fueron radicalizados por su experiencia de detención, no son liberados.

No pude dormir esa noche que pasé en Guantánamo. Las banderas ondeaban a media asta en señal de luto por cinco policías asesinados en Dallas por un veterano que había servido en la misma guerra por la que muchos de los detenidos habían sido capturados. Continuaba cuestionándome el hecho de que un médico se refiriera a las huelgas de hambre como “ayuno no religioso”, la ambivalencia generalizada sobre la detención perpetua sin cargos y la promesa de Donald Trump de torturar a más “hombres malos” en este centro de detención. La única manera de lidiar con la ansiedad que me producían estas preguntas fue aceptar que los silencios, secretos y el desconcierto que tenía cerca de mí brindaban no solo un refugio efímero sino también un nuevo punto de partida.

 


  1. El autor es Catedrático Asociado de Inglés y Lingüística en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y editor de la revista Sargasso. Eric Vázquez Sánchez es estudiante doctoral en la Universidad de Massachusetts-Amherst.
  2. Whitlock, Craig. “Pentagon loses track of $500 million in weapons, equipment given to Yemen,” Washington Post, 17 de marzo de 2015.
  3. “ICRC Report on the Treatment of 14 High-Value Detainees in CIA Custody”, Washington DC, 14 de febrero de 2007.

Manifestación en protesta por la cárcel en la base naval en Guantánamo.


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