Florentina Boti

Hola:-)

Hace pocos días, podría decir horas, tuve el primer intercambio de palabras vía correo electrónico con el periodista santiaguero Reinaldo Cedeño, del cual, cosas interesantes, había oído yo en las palabras de Roylán, el administrador del blog El Changüisero. Por lo poco que he leído de él —“A Carelsy Falcón por Reinaldo Cedeño”, “Cerca de Guantánamo Bay” y en La Isla y la Espina— me pareció un tipo imprescindible para convidarlo a sumarse a este megaproyecto que se llama Desde Guantánamo; y así fue. Gracias a Carelsy Falcón obtuve la dirección de Cedeño e inmediatamente respondió, aceptando; me atrevería a decir que lo hizo apasionadamente, como escribe sus artículos, denotando por las cosas y las personas, mucho amor.

Hoy me ha regalado —para ser justo: nos ha regalado—, su acercamiento a una guantanamera de la cual no conozco, como tampoco conozco de su padre Regino E. Boti. Afortunadamente me he dado cuenta a mis 45 años que tengo grandes deudas con mi cultura, con la extraordinaria cultura que yace en la cabeza de mi verde caimán; deuda que trataré de saldar con creces.

No dilato más, los invito a saber…

F L O R E N T I N A  B O T I
Por Reinaldo Cedeño Pineda


 

Me dijo que no tres veces, pero un domingo toqué a su puerta con arrestos y ya no pudo resistir. Su padre fue mi talismán, y una mirada. Regino E. Boti (1878-1958), había dicho el bayamés-santiaguero José Fernández Pequeño, es “el más universal provinciano de nuestra literatura”.

Entré a su casa y nunca más he podido salir.

Una de las emociones más grandes de mi vida fue cuando escuché vocear el periódico VENCEREMOS con la entrevista bordada en tantos ires y venires: “¡Mira, mira lo que dice la hija de Boti… entérate…!

En poco tiempo, el imberbe periodista y la abogada, la albacea, la tremenda Florentina Regis Boti y León (1928-2005), se convirtieron en amigos. Mi nombre hacía traspasar su puerta. Guantánamo me nació allí, desde sus fundaciones.

Una tarde me llevó al armario donde había seleccionado con una meticulosidad, con un cuidado impresionante, la obra dispersa de su padre en aquel periódico, en aquella revista. Hizo durante años, sin ordenador, sin software, una impecable labor de catalogación y rescate.

“Soy una hija cumpliendo su deber sagrado. Quisiera tener otra vida para dedicársela”, me dijo. Cuando vio que detuve el aliento, puso en mis manos el poemas que su padre le había dedicado, el poema inédito Otra hembra: “A la tristeza de mis años / tú añades una alegría orbital / y eres de mi floración humana / la más tierna corola”.

Vi algunas de las cartas personales del autor de La noria, aquel que había tallado en silencio su diamante; el amante de su aldea “de calles rectas y parquedad catalana”. Vi lo que había soñado y lo que había criticado, de puño y letra. Acuarelas. Objetos. Al final me dedicó una edición príncipe del poemario Kodak-Ensueño.

Una mañana la vi desmandada cuando una persona que la ayudaba cubrió el extremo de un escrito original de Boti con goma y se desgarró un poco al arreglarlo. No me atrevo a repetir lo que escuché. Era celosa con la obra de su padre. Era terrible.

Le regalé una piedra de la playa de Duaba, para su colección. Hubo más: me atreví a dedicarle un poema que había nacido en mi eterno viajar entre Santiago y Guantánamo. Un poema para la hija de un poeta. Una osadía.

Ella recubría su sensibilidad con cierto desparpajo, con una aridez espantadora; pero desde el primer día que tomé su mano, supe quien era.

Cuando dejé atrás la villa de Boti, me la llevé conmigo. Guantánamo nunca ha sido igual después que ella se fue.

La hija del poeta

Dicen que la hija del poeta nunca llora
el mundo escudriña tras la cancela
el mundo toma la aldaba pero no pasa.

Dicen que la hija del poeta tiene lengua de arpón
que en su cama hay un delfín tatuado
Kipling y Poveda arrastran cadenas por la sala
alegría orbital tierna corola
tinta inédita en cualquier parte.
La hija del poeta con sus manos de luna
reza en la biblioteca.

Yo le traigo arena de aquel lugar
donde el general Antonio ancló la patria
ella me besa
pone en mis manos la piedra filosofal de la aldea
cuidado
quiébrase el agua-rompe el silencio-tuerce la calle.
La hija del poeta sufrió un orgasmo de palabras
sus collares rodaron hasta el patio
la pequeña rasgó el olivo jade.
La noche no se atreve
aguarda en el alero.

La hija del poeta hizo el milagro
el padre va naciéndole en los brazos.

 


 Espacio para promocionar arte y literatura
Obra de Regino E. Boti

Damas anacaona Boti

Damas anacaona. Dibujo de Boti (sin fecha).

Humor mujer perfil Boti

Humor mujer perfil. Dibujo de Boti (sin fecha).

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